Posteado por: pmanfredo | 18 diciembre 2015

Mis amigos:

Hacer una visita a un familiar o a una persona querida, eso suele prodigarnos mucha alegría. Semejante es, cuando también a ti te visitan. El compartir de corazón a corazón es muy agradable. Es cierto, que no está uno solo cuando nadie viene a visitarlo, sino cuando no tiene uno nadie a quien visitar.

No todas las visitas, lastimosamente, son agradables. El político estadounidense Benjamin Franklin (1706-1790) decía: “Después de tres días, el pescado y las visitas huelen mal.” Por supuesto que todo se debe hacer con medida. Caso contrario es cierto aquel chiste que dice: “Las visitas siempre producen satisfacción: unas al llegar y otras al irse.”

Chistoso lo que decía Sigmund Freud (1856-1939), famoso psicoanalista austríaco: “La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas es que aún no han venido a visitarnos.” Probablemente ha hecho malas experiencias respecto a la convivencia humana, aunque no podría negar que también es cierto, que visitas cortas pueden engendrar largas amistades.

Me imagino, que una persona sola o la que se siente así, aprecia mucho más la visita de una persona amable. El escritor norteamericano Josh Billings (1818-1885) opina, que “la soledad es un buen lugar para visitar, pero un mal sitio para quedarse”. Es importante, que tu propia puerta no esté siempre cerrada, ni para otros ni tampoco para ti mismo/a.

No sé, si alguna vez te has hecho esta pregunta: ¿Cuánto tiempo hace que no te has visitado a ti mismo? – El no tener tiempo, estar siempre ocupado – aunque en tonterías, eso impide que llegues a ti mismo, que puedas estar tranquilo/a y en paz interiormente; y todo eso para analizarte a ti, tu vida, tu trabajo, tus amistades – también tu relación que Dios, que especialmente en la Navidad desea hacerte una visita especial, para que puedas “rebobinarte” de nuevo. Interesante, lo que decía ese joven santo italiano, que murió con sólo 15 años, Domingo Savio (1842-1857): “¿Quieren muchas Gracias divinas? Vayan a visitar con frecuencia al Santísimo Sacramento. ¿Quieren pocas gracias? Visiten al Santísimo Sacramento con poca frecuencia. ¿No quieren ningunas en absoluto? Entonces, nunca vayan a visitar al Santísimo Sacramento.”

Que tengas un FELIZ DOMINGO, y considera esa frase de la escritora inglesa Rumer Godden (1907-1998): “Hay una creencia india según la cual cada uno de nosotros es una casa de cuatro habitaciones: la física, la mental, la emocional y la espiritual. Solemos pasar la mayor parte del tiempo en una sola de ellas, pero si no visitamos las cuatro todos los días, aunque sea para ventilarlas, algo nos falta.”

Y a vos, ¿qué te parece?

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Comentario exegético

  1. Domingo de Adviento [C] (20.12.15)

Evangelio Lc 1, 39 – 45

La visita de María a Isabel fue motivada por el anuncio del Angel Gabriel. Ella no deja de viajar por tener tal vez dudas acerca de la palabra del ángel; todo lo contrario.

Para Lucas es típica la determinación del tiempo: Isabel estaba en el sexto mes del embarazo. Más tarde dice, que María se quedó aproximadamente tres meses con ella. La visita de María se produjo entonces en seguida después del anuncio del ángel, es decir: antes de que José la llevó oficialmente a su casa; con otras palabras: antes del casamiento. Caso contrario, a José se le ahorraban los momentos difíciles después.

María va de prisa. Quiere llegar para experimentar la gracia de Dios, cuyo objeto fue Isabel, pero también desea ayudar en seguida. El viaje desde Nazaret hasta las proximidades de Jerusalén, que pasa por Samaría, dura de 3 a 4 días. El lugar, donde Zacarías vive con su señora, se indica sólo vagamente: Está situado en la parte montañosa de Judá.

No sabemos nada exacto sobre el parentesco de María e Isabel, que pudo haber sido la tía de parte de la madre. – La salutación por María tiene un efecto maravilloso en Isabel: Siente, como se mueve alegremente su hijo en el seno, y el efecto espiritual que procede del niño dentro de María, pasa también hacia Isabel, porque reconoce en María la madre del Mesías, ahora dentro de ella. Que Isabel exclama con voz fuerte significa, que fue inspirada por Dios espiritualmente. El hecho de que lleva en sus entrañas al Mesías, la convierte a María en la “Bendita entre todas las mujeres”. Si en Israel la mujer adquiere el mayor honor al tener un bebé, pero siendo este niño el Mesías, esto significa, que María adquiere el máximo honor.

Isabel no se siente digna de semejante visita, es decir: que la visite “la Madre de su Señor”. Ella indica la razón por la cual puede hablar así: ha reconocido al Mesías en el vientre de María bajo la influencia del Espíritu Santo. El movimiento de su propio hijo en su seno no fue casual.

Bajo el mismo influjo del Espíritu Santo sabe por dentro del misterio que se ha producido en María. Y eso ocurrió, porque ella ha confiado en la palabra del Angel. Mediante esa postura, María se ha mostrado digna de aquella Gracia. Es por eso que María merece también las expresiones del canto de alabanza.

Este mismo canto provoca ahora en María un eco en su propio canto de bienaventuranza, conocido como el “Magnificat”. Recién ahora María habla de la Gracia recibida por Dios.

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A cada uno le deseamos de corazón una

Feliz y Bendecida Navidad

con el compromiso serio de

abrirle al Señor

nuestra casa y nuestro corazón.

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